26 de marzo de 2008

Las muelas del juicio


Yo que me jactaba de que mi saliva tenía pH nosequé y por eso no había tenido nunca una caries (toco madera), ahora va y por yo-qué-sé qué puñetas le ha dado por molestar a estas alturas a una de mis muelas del juicio.

A los 16 años me libré de que me las extrajeran, y eso que en el plan inicial del ortodoncista era condición sine qua non para que la boca me quedara decente. Al final, con la mitad de cosas (y de dinero) que había dicho, fue suficiente.

Y ahora, haciéndose protagonista de media Semana Santa, cual Jesucrito Superstar, la muela de la que nos habíamos olvidado por tanto tiempo, va y resucita, pero lo hace dando el coñazo.

Solución: el viernes me la quitan. Ya os contaré si era dentista o asesino frustrado.